Spinetta, El Video de Pablo Perel (1986) online

Y es inevitable para mí escribir hoy sobre Spinetta en esta nota editorial semanal dedicada al mundo audiovisual, porque Luis Alberto marcó con su presencia incandescente, su talento sublime y su amistad generosa, momentos claves en mi trayecto por las delgadas autopistas de la imagen en movimiento y el sonido sincrónico. Luis Spinetta fue, es, un artista cosmonauta. Mientras las estrellas del espectáculo buscan ser queridos por el público, en el caso de Luis, era el público quien deseaba ser amado por él, casi exigiendo una correspondencia con el alud de afecto muchas veces apasionado que la gente le consagraba. Y Luis los amó, prodigándose en poesía, música, voz, palabras, dibujos, risas y hasta en acciones silenciosas e invisibles. Las veces que me tocó caminar las calles junto a él, pude comprobar casi a cada paso que sus fans no se acercaban solamente a demostrar su admiración; exigían amor como se le exige a un amante, de ida y vuelta y de uno a uno. Lo conocí siendo yo un temprano adolescente con las piernas temblorosas, alucinado con los Beatles, ‘Busco Mi Destino’ y un novato con mi cámara de cine filmado en 8mm. -aún no había Súper 8- cuando me animé a subir al escenario donde Almendra acababa de presentar su primer Long Play, el de la tapa del Hombre de la Lágrima, llevándome su autógrafo y algunas frases tartamudeadas. Pasaron diez años de más frases y escenarios hasta que una tarde, en una prueba de sonido que hacía Milton Nascimento en el Estadio Obras, se nos acercó Luis Alberto a Jorge Pistocchi y a mí, a anunciarnos el obsequio de un equipo profesional portátil de video U-Matic para nuestro incipiente Centro Experimental de Video del Expreso Imaginario. Era el año 1978, con todo lo que eso implica. De esa cámara y mochila de video ¾ de pulgada surgieron mil piruetas, malabares y aprendizajes, algunos personajes hoy históricos protagonizando argumentos estrambóticos garrapateados en una caja de pizza o simplemente estando, siendo quienes eran delante de la cámara. Hablábamos de John Lennon, Andy Warhol y un planeta contaminado. Pasaron más años, viajes, exilios y universidades. Recién llegados de distintas coordenadas del mundo exterior, ya cineastas y videastas, junto a Ralph Rothschild nos volvimos a embarcar en una nueva travesía. Spinetta nos recibió en su casa y los tres comenzamos a dibujar en el aire el guión de un largometraje que hablaría del Cosmos Spinetteano, embriagados con las imágenes de la serie homónima de Carl Sagan. Durante el rodaje, entre toma y toma pasábamos horas conversando. Luis siempre estaba dispuesto a que hablemos de Física –carrera de la que yo venía- y del artista gráfico M.C. Escher, a quien él me encontraba parecido y con cuyo apellido me bautizó un tiempo. De esas jornadas extensísimas nació el largometraje que se iba a llamar en un principio “Spinetta, el largo” y que finalmente quedó plasmado como “Spinetta, el video”. Esta película me hizo acreedor de una de las mayores condecoraciones que recibí en mi vida; Luis Spinetta me dijo: “Vos fuiste el que me hizo ver llorar al Hombre de la Lágrima”. Era el año 1986. Queda como anécdota que “Spinetta, el Video” fue la primera película argentina producida en video que se exhibió públicamente por una vez vendiendo entradas oficiales del INCAA, entonces Instituto Nacional de Cine, cuando sólo accedían a ello los films en 35 mm.
  Fuente m24Digital
 

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